martes, 30 de septiembre de 2008

Publicación bimestral-ISSN Nº 1851-4855. Año 2 Número 6 (dedicado a la literatura infantil). Septiembre de 2008.

El recorrido de Shrek. Shrek (EEUU, 2001) Director: Vicky Jonson, Andrew Adamson; Shrek II (EEUU, 2004) Director: Andrew Adamson, Nelly Asbury y Conrad Vernon; Shrek III (EEUU, 2007) Director: Chris Miller (III). Elenco: Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz, Antonio Banderas, Rupert Everett, Julie Andrews y John Cleese. Por Mila Cañón: Maestra, Profesora y Licenciada en Letras, Magister en Letras Hispánicas. Docente y capacitadota en el área de "Literatura Infantil",miembro fundador de la Asociación Civil Jitanjáfora desde 1999.


El cine norteamericano presenta una trilogía que construye un mundo animado, habitado por personajes maravillosos que provienen de la historia de la literatura.
Había una vez en un pantano muy lejano, un ogro cascarrabias cuya preciada soledad se ve imprevistamente convulsionada por una invasión de molestos personajes... Era el 2001, y la pantalla grande despierta con una película sobresaliente. Los estereotipos de los cuentos de hadas o los personajes de los clásicos infantiles se convierten en protagonistas de Shrek, invaden su tranquilo pantano y no se despiden hasta el tercer film: Shrek the Third, cuando la historia posiciona al ogro en el trono del rey. La constelación puede formar parte del universo del espectador o no, pero sí habita el campo literario y el imaginario de muchos lectores que escucharon, leyeron, vieron ilustraciones y películas de: Los tres cerditos, Blancanieves y los siete enanitos, Caperucita Roja y el lobo feroz, Los tres osos y Ricitos de Oro, Pinocho, el hombre de jengibre, La Cenicienta, Robin Hood, El Gato con Botas- quizás el personaje mejor logrado en la segunda- , el Príncipe Rana o la Bella Durmiente, además de otros seres como ogros, gigantes y dragones que pueblan las tres películas.
Misteriosamente, como ya se ha confirmado muchas veces, la trilogía no decae, sino que evoluciona hacia recursos cada vez más elaborados desde lo discursivo. Nadie duda de que Fiona es una bella princesa a punto de casarse, sin embargo cuando llega el atardecer..., la belleza desaparece y se produce la transformación, se "transgrede el estereotipo" no sólo instalado en los antiguos cuentos de hadas - este recurso se reitera de variados y enriquecidos modos en los films.
También, el humor, a veces tan difícil de lograr en los discursos infantiles, demuestra diversas aristas. Se apela a lo escatológico, propio de un ogro que ha vivido aislado en un pantano, pero además los episodios plantean mecanismos paródicos y anacronismos que descubren dos puntos interesantes en esta producción. La construcción de un discurso fílmico muy elaborado con ambigüedades, reelaboraciones intertextuales y reescrituras, y la suposición de un doble espectador. Por un lado, el niño respetado desde una película desafiante que ofrece "muchas lecturas", y por otro lado, el adulto que puede leer entre líneas los guiños de los hacedores de estos productos y reponer significados ideológicos e históricos recordando las bellas historias de la infancia que viven en su imaginario.

El niño que soñó el país de los que duermen. El pequeño Nemo (Little Nemo: Adventures in Slumberland). Director: Masami Hata y William T. Hurtz. EEUU-Japón, 1992, basada en el cómic Little Nemo in Slumberland, publicado entre 1905 y 1911, de Windsor McCay. Guión: Ray Bradbury, Chris Columbus, Richard Outten. Elenco: Gabriel Damon, Mickey Rooney, Rene Auberjonois. Por Lucía Couso: Estudiante de Letras (UNMdP). Integra el grupo de promoción de la lectura y la escritura Pepas de dulce.



Casi un siglo después de que Windsor McCay publicara por primera vez el cómic Little Nemo in Slumberland, un equipo de japoneses y estadounidenses se unieron para adaptarlo al cine.
El dibujante francés Jean Moebius Giraud recreó la idea original, otorgándole calidez e ingenuidad a los dibujos, características que no se encontraban, de forma tan definida, en el cómic. Tanto en la construcción de algunos personajes, como en los paisajes que recorre el protagonista se nota la colaboración de animadores japoneses como Yoshifumi Kondo, Masami Hata y Hayao Miyazaki -creador de clásicos de la animación como Mi vecino Totoro y El Viaje de Chihiro-.
La secuencia inicial de la película imita a la del cómic: el pequeño Nemo está tranquilo en su cama cuando es interrumpido por el sueño donde se inicia el viaje. Una noche, le comunican que el Rey Morfeo lo ha decretado compañero de juegos de su hija, la princesa Camille. Nemo emprende el viaje hacia Slumberland, donde finalmente conoce a la princesa y a Flip, quien se convertirá en su compañero de aventuras. La curiosidad de Nemo lo llevará a desobedecer al Rey Morfeo, abriendo la puerta al País de las Pesadillas, el mismo día en que será coronado príncipe de Slumberland.
En los diferentes viajes que Nemo emprende, los paisajes están impregnados de una fantasía que transforma. En este sentido, la película recupera la estética del cómic: a través de la experimentación con las perspectivas espaciales, las imágenes, surrealistas y psicodélicas, se fusionan en diferentes planos. El cómic Little Nemo in Slumberland es considerado una obra maestra dentro de su género, no solo por la calidad de la historia que cuenta, sino también por el uso innovador del color y el formato de la página que hizo su autor.
Las situaciones y el lenguaje que McCay generó fueron adaptados por Chris Columbus y Ray Bradbury, quienes, entre otros, se encargaron del guión. Al igual que en los sueños, donde hay fragmentación y deslizamiento, la narración se vuelve intermitente y desordenada, ya sea por los despertares de Nemo o por las irrupciones de Flip. Este es un personaje ambiguo, que cumple la función de desbaratar las estructuras de las que se ve rodeado Nemo. Flip representa la parte del niño que se inquieta ante lo desconocido, que desea divertirse y siente curiosidad por todo aquello que lo rodea.
En El pequeño Nemo, el niño curioso que disfruta de la posibilidad de que espacio y el tiempo muten constantemente, que cree en sortilegios para invocar la magia, es el niño que realmente sueña.


Cuando adaptar es simplificar y empobrecer. La maldición de las brujas (EEUU, 1989), dirigida por Nicholas Roeg y basada en Las Brujas (Roald Dahl, 1983). Guión: Allan Scout. Elenco: Anjelica Huston, Rowan Atkinson, Mai Zetterling, Bill Paterson. Por Carola Hermida: Profesora, Licenciada en Letras y Magíster en Letras Hispánicas. Forma parte de la Comisión Directiva de la Asociación Civil Jitanjáfora.




Al igual que Matilda, las versiones de Charlie y la fábrica de chocolate o Jimy y el durazno gigante, La maldición de las brujas (1989), dirigida por Nicholas Roeg, es una de las tantas películas basadas en textos del conocido escritor británico Roald Dahl. En este caso, se trata de una adaptación de su novela Las brujas (1983). La originalidad de sus personajes, la escritura desafiante que huye de los lugares comunes, las tensas relaciones entre lo maravilloso, lo fantástico y la descripción crítica a una sociedad en la que los niños viven a menudo incomprendidos y en soledad son algunos de los atributos que han despertado el interés por estos textos literarios.
En esta novela, un niño y su abuela se enfrentan a La Gran Bruja en la Convención Anual de Brujas de Inglaterra, que tiene lugar en un moderno hotel junto a la playa. Los tópicos tradicionales del relato de brujas se recontextualizan en un ambiente actual, generando un texto de magia, aventuras, suspenso y humor. Como resultado del enfrentamiento con las brujas, el protagonista quedará convertido en un entusiasta ratón, que se propone seguir luchando contra estos personajes en el resto del mundo.
La adaptación cinematográfica de este texto es un caso digno de análisis para observar las operaciones utilizadas en las obras que se destinan a niños. La novela Las brujas no es condescendiente con su lector: la escritura de Dahl propone desafíos, elipsis, un final abierto (feliz, pero no tan feliz) y ciertamente no es un texto moralista (para no ser atrapados por las brujas, por ejemplo, a los niños les convendría más que portarse bien, no bañarse). La versión cinematográfica en cambio, llena huecos, omite detalles y sobre todo corrige el final, logrando un producto sumamente inferior al original. Más allá de las actuaciones o los efectos especiales, la pobreza del film reside en el guión que exhibe los prejuicios que estructuran muchos textos infantiles de baja calidad. Se trata de adaptaciones simplificadas que silencian los temas conflictivos (la elipsis del episodio referido a la muerte de los padres del niño en la película es tal vez el caso más notorio), hacen del final feliz una ley inquebrantable, ordenan y simplifican la estructura, allanan (en el peor sentido de la palabra) el papel del lector-espectador buscando “endulzar” la historia. Son textos que no permiten crecer a su receptor ya que le brindan un producto masticado, vigilado, apto para consumir en forma inmediata sin correr riesgos. La maldición de las brujas es un ejemplo paradigmático de este tipo de obras que menosprecian a su destinatario y en su caso esto es más evidente aún, ya que la novela de la cual parte no presenta en absoluto estos rasgos consumistas y moralizantes.


Una relectura de los cuentos maravillosos. Los Hermanos Grimm. Director: Terry Gilliam (EEUU-Reino Unido-República Checa, 2005). Guión: Ehren Kruger. Elenco: Matt Damon, Jonathan Pryce, Monica Bellucci, Heath Ledger, Mackenzie Crook. Por Raquel Piccio: Profesora en Letras. Integra la Comisión Directiva de la Asociación Civil Jitanjáfora.



Dos hermanos, Jake y Will Grimm, recorren algunos pueblos de la Europa de finales del siglo XVlll con el objetivo de enfrentarse a distintos seres –ogros, brujas, fantasmas- que acechan a sus habitantes. Los Grimm recrearán –mediante una serie de complicados artilugios- los monstruos que protagonizan las leyendas de cada comarca para presentarse, luego, como los únicos que podrán enfrentarlos y vencerlos. Los habitantes los contratan. De esta manera, los moradores caen en la trampa y los hermanos llevan adelante su negocio…
Hasta que las autoridades francesas descubren el engaño. Y la única opción para evitar el castigo consiste en desbaratar a otros embaucadores que están sembrando el terror. En la comarca de Marbaden han desaparecido nueve niñas y suceden hechos muy extraños. Allí, Jake y Will se encuentran con un verdadero problema: el pueblo realmente ha sido hechizado. Para liberarlo, ambos deberán enfrentarse a todos los seres y sucesos que consideraban una invención.
A lo largo de esta película son numerosas las referencias a los cuentos de hadas. Además de los nombres de los protagonistas, encontramos en el film marcas de oralidad -fórmulas de inicio y de cierre, por ejemplo-; objetos mágicos -la manzana envenenada, el espejo de Blancanieves, los zapatitos de cristal-; animales –sapo encantado, lobo, cuervos, serpientes- y personajes –Caperucita, Hansel y Gretel, Raspunzel, Bella Durmiente- que pertenecen al imaginario de los cuentos tradicionales. Por otro lado, el contexto histórico en el que se sitúa esta historia se corresponde con el contexto en el que los hermanos Grimm llevaron a cabo su tarea como recopiladores.
Resulta muy interesante observar cómo estas referencias se entrecruzan en el desarrollo de la historia que se quiere contar. Los elementos –personajes, objetos, situaciones- aparecen delineados de acuerdo con sus características originales –es decir, con aquellas que recordamos de los cuentos de hadas-. Por ejemplo: Caperucita es una niña vestida de rojo que atraviesa el bosque con una canasta en su mano; Hansel y Gretel son los hermanos que se pierden, entre otros. Pero, lo realmente sorprendente consiste en la resemantización que se hace de estas referencias. Se incorporan con sus cualidades originales pero, al mismo tiempo, asumen otras: Caperucita no es devorada por el lobo, sino raptada para cumplir con un hechizo; el leñador- con su hacha mágica- se enfrentó al lobo pero quedó atrapado en el cuerpo de aquel. De esta manera, aquellos personajes, objetos y sucesos que ya conocíamos irrumpen en esta historia, se mezclan entre sí y aportan nuevas miradas para releer los cuentos tradicionales.

Si buscan finales felices, es la película equivocada. Una serie de eventos desafortunados (EEUU, 2004) Basado en Una serie de catastróficas desdichas, de Lemony Snicket. Guión: Robert Gordon. Elenco: Jim Carrey, Jude Law, Emily Browning, Kara Hoffman. Por María José Troglia: profesora y licenciada en Letras. Se desempeña como docente y capacitadota en el área. Integra la Asociación Civil Jitanjáfora desde su formación.



La película de Brad Silberling estrenada en 2004 es una adaptación de la saga de Daniel Handler, quien bajo el seudónimo de Lemony Snicket publica la historia desafortunada de los huérfanos Baudelaire.
Los trece libros que constituyen esta serie de catastróficas desdichas son una muestra elocuente de los juegos que puede jugar la literatura: la constante contaminación entre autor y narrador, autor real y autor ficcional, la escritura como un proceso que comienza en la búsqueda de las fuentes, el circuito que recorre un libro hasta llegar a las manos del lector, las continuas autorreferencias, las relaciones intertextuales, los juegos de palabras, y más. Fundamentalmente, el hallazgo de la serie se puede encontrar en el efecto de lectura que produce en los niños como lectores, ya que aquí no hay hechos graciosos, no hay finales felices, no hay “duendecitos alegres” que cantan canciones. Handler quiebra los estereotipos de cierta literatura infantil poniéndola en diálogo con otras obras y autores de la literatura universal e inaugurando una narrativa original, donde a chicos inteligentes y encantadores les suceden cosas espantosas, empezando por la muerte de sus padres en la primera oración.
La película se basa en los tres primeros libros de la saga (que además son los únicos que pueden conseguirse en Argentina): Un mal comienzo, La habitación de los reptiles y El ventanal y tiene varios aciertos como film, aunque algunos traspiés en relación con el libro original. Las actuaciones de Jim Carrey -un poco menos payasesco que de costumbre pero demasiado histriónico para el personaje del conde Olaf, quien tiene mucho más de sombrío y aterrorizante que de gracioso- y de Meryl Streep le dan a esta producción un agregado estelar que se esperaba repercutiera en la difusión de los libros, cosa que no ocurrió. El film recupera muy bien algunos elementos como la indeterminación espacio-temporal, los tonos sepia que rodean metafóricamente a cada suceso, las acotaciones del narrador (en este caso en off) y algunos juegos con el lenguaje y apelaciones al lector/espectador: “les recomiendo que dejen de leer ahora mismo”. Sin embargo, aunque entendemos que una adaptación cinematográfica no debe “respetar” necesariamente las características del texto literario (de hecho hay una alteración importante del orden en que ocurren los eventos en los libros) hay dos puntos cruciales: una de las principales características de la saga es que si bien los hermanos siempre salen adelante y logran sortear los obstáculos, no hay esa sensación de protección que deriva de la figura de los padres, que en la película, aunque están muertos, parecen cuidar a los chicos, seguir presentes, preservar la idea de familia a pesar de todo. En los libros los huérfanos son eso, definitivamente huérfanos, y están solos. Por otra parte, hay una inversión de los roles masculino y femenino de los hermanos, que precisamente el texto literario busca y sostiene: la mujer tiene habilidades y actúa en muchas ocasiones como varón y él se dedica principalmente a leer, no tiene habilidad física ni aires de protector. La película parece querer sostener un estereotipo aún desde el aspecto físico de los personajes que contradice este aspecto tan acentuado en los libros.
Por lo demás, una película interesante, entretenida y que invita a descubrir los textos. Quizás como se trata de una saga de trece títulos, podamos esperar la continuación de esta película, lo que sería una buena ocasión de conocer el final de una historia que nos quedamos con ganas de leer.


Literatura y cine para gustar y degustar. Charlie y la fábrica de chocolate. Director: Tim Burton. (EEUU, 2005). Basada en la novela homónima de Roal Dahl. Guión: John August. Elenco: Johnny Depp, Freddie Highmore, David Kelly, James Fox, Christopher Lee, Helena Bonham Carter. Por Soledad Vitali: Profesora en Letras recibida en la UNMDP. Es miembro de la Asociación Civil Jitanjáfora.



La novela de Roald Dahl cuenta la historia de Charlie Bucket, un niño que vive con sus padres y sus cuatro abuelos en una casa de madera muy pobre, en las afueras de Londres. Su existencia es sencilla y poblada de privaciones, ya que el único que tiene trabajo es el padre de Charlie. En esa misma ciudad, está instalada la fábrica de chocolates más grande del mundo: FÁBRICA WONKA. El protagonista admira ese lugar y se fascina con sus chocolates, aunque sólo recibe uno al año: en su cumpleaños. Pero… su historia está por cambiar. Se ha largado el concurso del billete dorado. Sólo cinco niños podrán visitar la fábrica y acceder a chocolates y dulces de por vida. ¿Será Charlie uno de los afortunados? Así sucede y esto da pie a la aparición de una serie de maravillosas aventuras y personajes.
La película de T. Burton – aunque presenta algunas variaciones con el texto- interpreta y plasma en la pantalla magníficamente- en todos los sentidos del término- los escenarios y los personajes de la novela de Roal Dahl. La fábrica del Sr. Wonka con su ascensor de cristal; la cascada de chocolate ubicada en el fascinante parque – en el que todo puede comerse-; el viaje en ese barco de color rosa que los lleva por la fábrica; las ambientaciones de los diferentes lugares en los cuales se hallan los billetes dorados; el palacio del príncipe hindú; el país de los Oompas Loompas… La enumeración es acotada para poder dar cuenta de la multiplicidad de aspectos y elementos que conforman el film.
Los personajes – tanto los niños como los adultos- están caracterizados como los plantea el texto. Seguramente el espectador, lector de Roal Dahl, tendrá sus objeciones pero en cada uno de los chicos como en sus padres, se advierten los rasgos que los definen y que conllevan la crítica que plantea el autor. Es interesante destacar, que el aspecto moralizante que presenta el texto en la estética del cine se vuelve más pregnante. Esto se observa claramente en la escena en la cual Veruca Salt es maniatada por las ardillas, que advierten “que está hueca” como las nueces que no sirven y deciden “tirarla a los desperdicios”.
En esta breve reseña, quedan muchos aspectos sin analizar como las variantes sobre el personaje del señor Wonka, las canciones de los Oompa Loompas, la presencia anticipaciones que a la manera de la literatura mantienen al espectador prendido del film, la escena de Wonka analizándose por un oompa loompa que hace de terapeuta... Dentro de esta línea, queremos mencionar el juego de cajas chinas que se genera en el final. Wonka y Cahrlie vuelven a cenar a la casa del niño, que queda en el parque de la cascada de chocolate, que puebla la historia que cuenta un oompa loompa a nosotros que escuchamos, miramos y nos maravillamos.

1 comentario:

Hada de los tiempos dijo...

¡¡Hola!!! Soy el Hada de los tiempos. En el Bosque Antiguo donde vivo estamos buscando escritores de cuentos de hadas o maravillosos (especialmente del siglo XX y XXI). ¿Conoces alguno? ¿Podrías ayudarme? ¡¡¡Gracias!!!

loscuentosdehadas.blogspot.com